Cuando uno se hace padre (o madre, supongo) descubre un nuevo y sorprendente mundo. Por ejemplo, se da cuenta de que los niños, a partir de cuatro años, tienen que pagar el billete del transporte público como si de un adulto se tratara. Eso no ocurre sólo en Madrid, sino en casi todas las ciudades de nuestro país, como pueden verse en las tablas del informe sobre transporte público realizado por la asociación de consumidores Facua.
No es normal que un niño de cinco años, como es mi hijo, tenga que pagar el mismo billete que su papá, ¿verdad?
En Madrid, tenemos posiblemente a uno de los consistorios más conservadores de toda España. Mucho más conservador si ampliamos la visión hasta el gobierno regional de Esperanza Aguirre. Desde las diferentes concejalías y consejerías no paran de “defender la familia”. Hasta el extremo de que las asociaciones subvencionadas por la Comunidad son grupos mayoritariamente contrarios al derecho al aborto. Su defensa de la familia abarca los vientres de las embarazadas, pero no el transporte público.
Sin embargo, una ciudad como Gijón (poco conservadora y con una visión de la familia mucho más flexible que Madrid) ha impuesto la gratuidad del transporte público a los menores de 12 años.
A lo mejor podríamos copiarles. Sería una manera más de luchar contra la contaminación, que en esta ciudad nos come literalmente los bronquios.


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